Un triunfo artístico entre rejas

Esther Martínez, interna de la cárcel de Zuera, ha ganado el premio de fotografía Visión Abierta, convocado por la DGA y al que se presentaron 111 trabajos. Captó las imágenes en un sólo día y con cámara desechable.

MARIANO GARCÍA. Zaragoza | la intuición y la espontaneidad tienen premio. Lo sabe bien Esther Martínez Gallego, una zamorana de 36 años a quien le preguntaron hace unos días: «¿Qué quisiste expresar en las fotografías que presentaste al concurso?». «Pues contar algunos de los problemas de la mujer», dijo. Y la respuesta la dejó helada: «Has ganado el primer premio». Esther lo recuerda ahora con emoción. «Me escribieron en la pizarra de un aula la cifra de lo que había ganado y no me lo podría creer. ¡Madre mía…! Sabíamos que competíamos con fotógrafos profesionales, y casi ninguna de mis compañeras confiaba en ganar. Pero yo les decía: `Tenemos las mismas oportunidades que todos los que se hayan presentado´. Y lo que viene a demostrar esto es que hay que ser optimista para todo en la vida. Hay que tener fe hasta el final».

Esther Martínez ha ganado el premio de fotografía Visión Abierta, un certamen que convoca desde hace ocho años el Instituto Aragonés de la Mujer de la DGA. Como está dotado con 1.300 euros, suele recibir muchas obras a concurso. Este año han sido 111 y, al final, el jurado ha considerado, según establecen las bases del certamen, que el trabajo que mejor refleja la visión, situación y participación de la mujer en la sociedad, es el tríptico «Yo», de Esther Martínez.

Un cursillo de dos días

La cosa no tendría más misterio si no fuera porque luego, tras el fallo del jurado, se han sabido algunas circunstancias. Que Esther Martínez no es fotógrafa. Que las imágenes ganadoras las captó en un solo día y con una sencilla cámara desechable. Que no es una ciudadana libre, sino que está interna en la cárcel de Zuera. Eso hizo que no pudiera ir a recoger el premio ni a inaugurar la muestra que acompaña al certamen, y que puede verse estos días en la Biblioteca de Aragón.«Los cursos de fotografía aquí no tienen nada que ver con los de cualquier otro sitio -asegura José Manuel, educador en el centro penitenciario-. Si empezáramos desde el principio, explicando las bases de la fotografía analógica y el revelado… necesitaríamos dos años hasta completar el programa didáctico. Y poca gente está ese tiempo aquí. ¿Cómo lo hacemos? Pues damos un par de charlas sobre composición y luz, y un día le proporcionamos a cada interna que participa en el curso una cámara desechable para que haga fotos. Tenemos otro condicionante serio, y es que no se puede salir de la prisión, claro, por lo que todo es muy limitado. Tienen que hacer las fotos dentro de la cárcel. Pero luego seleccionamos las que a nuestro juicio son las mejores imágenes y las presentamos al premio».

«El año pasado hicieron el curso seis internas -añade otro educador, Luis Antonio-, y ya presentamos sus trabajos. Este año han sido diez y, aparte del primer premio, el trabajo de otras dos ha sido seleccionado para la exposición de las mejores fotografías. Estamos muy contentos».

«Y no, no ha sido cuestión de suerte -subraya José Manuel-. La flauta nunca suena por casualidad. Si ha ganado Esther es porque se lo ha currado y porque ha demostrado tener una intuición especial para la fotografía. Nada más positivar sus imágenes ya quedaba claro que allí había algo especial».

Y Esther, una mujer de mirada luminosa y con tres hijos (dos mellizos de tres años y otro de seis), y que está ahora a la espera de juicio, confiesa que apenas tenía experiencia fotográfica. Y que ideó varias fotografías que no pudo llegar a hacer. «Cuando estudiaba en el instituto sí que aprendí alguna cosa, incluso hice revelado, pero la verdad es que no tengo grandes conocimientos. He hecho fotografías, como todo el mundo, en casa, a la familia. Y he trabajado con algunos programas como el Photoshop o el Powerpoint, pero más para hacer bromas y echar unas risas que para otra cosa», afirma.

Pensar en la cárcel

Como todas las internas en Zuera, Esther se levanta a las 8.30 y desayuna a las 9. De 9 a 13 participa en todas las actividades que puede. Luego la comida, y a las 14 de vuelta a la celda. De 17 a 19, más actividades. La cena, y a las 20 en la celda. Y vuelta a empezar. Todo el horario disponible para participar en cursos y actividades lo tiene ocupado.«Tengo muy claro que lo único que me voy a llevar de Zuera va a estar aquí (se señala a la cabeza). Por eso no paro. He hecho un curso de informática, otro de comercio, estoy preparando el acceso a la universidad… Canto en la orquesta de la cárcel, hago un curso de punto y participo en actividades de animación a la lectura y teatro…».

No es que busque batir un récord, pero todo le ayuda a llevar mejor la dura situación personal en la que se encuentra. «Es que yo he trabajado toda mi vida, no sé estar mano sobre mano sin hacer nada, y aquí lo que hay que hacer es no perder tiempo: estar ocupada. Yo hago muchas cosas para no pensar. Aquí dentro el pensar es lo que te mata». Contra lo que pudiera parecer, no lleva del todo mal su situación.

«De aquí me voy a llevar cosas positivas y alguna buena amistad -concluye-. Y he escrito un montón, tengo muchísimas notas, quizá escriba un libro. Pero yo tenía una inmobiliaria y un locutorio en Torrevieja y lo he perdido todo. Me han sucedido cosas increíbles. Yo seguía pagando el alquiler de mi local pero, como no lo tenía abierto al público, me lo han acabado quitando. Da igual, tendré que empezar de cero y montar otro local. El dinero se gana y se pierde y yo siempre he tirado para adelante sola. Lo único que me duele es el tiempo que he perdido de mis hijos, que sólo me han visto una vez en un año».

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